Secciones
 HomePage
 Estrenos
 Especiales
 Recomendadas
 Reviews
 Actualidad
 Festivales
 Televisión
 Perras de Película
 Potros de Película
 Estrenos en video
 Estrenos en DVD
 Yo Actor
 Yo Director
 Staff
 Servicios
 Suscripción
 Contactate
 Downloads
 Wallpapers





Festivales
Publicado el 21/03/2004

Un viejo maestro con alas muy grandes

¡Joyita para cinéfilos!

Mar del Plata pergeñó un homenaje al gran maestro de cineastas, referente de varias generaciones desde fines de los cincuenta cuando comenzaba con Tiredié y Los inundados y creador de manifiestos que dejan claro su espíritu crítico que creció con el tiempo. Fernando Birri, durante más de medio siglo de cine, expuso su sólida ideología y también la sometió a discusión. Respetado por todos, este hombre que pisa los 80 llegó con su look inconfundible y personal, larga y canosa barba, saco y sombrero negro, que desafiaba, con audacia, el calor marplatense. Sin duda, un patriarca del cine latinoamericano, un estudioso de las múltiples posibilidades del documento, algo que los curiosos pudieron comprobar en la retrospectiva completa de su obra que sirvió tanto como reconocimiento a su trayectoria como para socializarla con el gran público.

Este hombre que nunca olvidó lo que muchos olvidaron, acercó su cámara a los menos fotografiados para contar un pedazo de su historia. Así, sus obras más emblemáticas, Tiredié y Los Inundados, son verdaderos retratos de la marginación que sufre buena parte de la población, entonces (fines de los cincuenta) más concentrada en ciertos focos, hoy distribuida en todos los rincones del país.

Fernando Birri fue elaborando a lo largo de los años cinco manifiestos que acompañaron sus films en las distintas etapas, la primera en Argentina, luego durante su exilio en Italia y después en Cuba donde fundó la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de Los Baños. Sobre la naturaleza de esos manifiestos, él mismo, en una masterclass que congregó variado público, expresó: "Podemos orientar un poco esta charla a partir de los elementos teóricos, es decir, los fundamentos de mi trabajo, los cinco manifiestos del Nuevo Cine Argentino, que con el correr de los años van cobrando otra dimensión, siempre en la búsqueda de un Cine cósmico, lo que podemos llamar el cosmunismo. El manifiesto respecto a la obra, si ustedes me aceptan la comparación, es un poco lo que el alma con respecto al cuerpo; la obra con su carácter de materia, sea literaria o fílmica es el cuerpo, el manifiesto es una especie de tentativa de ver el alma, animar ese cuerpo. El primer manifiesto que yo escribo coincide con el estreno de Tiredié, que, como ustedes saben, es la primer encuesta social que se filma en América Latina y la filmamos en Santa Fe, dando origen a lo que después sería el Instituto de Cine de la Universidad del Litoral".

Y el manifiesto de Tiredié proponía en la Argentina de los años 58 un cine nacional, realista y crítico. Rechazado por el establishment, esta primera experiencia es, según Birri, un producto moral y técnico de la voluntad de hacer de sus alumnos un proyecto para colaborar en la medida de sus jóvenes fuerzas en la recuperación de la crisis del cine argentino aportándole una problemática nacional, realista y crítica, hasta ese momento inédita. Birri lee a la concurrencia, con la pasión que, sin duda, escribiera otrora, los objetivos que se proponían con este proyecto y los que le seguirían:

1) afianzar las bases para una futura industria

2) utilizar el cine al servicio de la universidad y la universidad al servicio de la educación popular, es decir la toma de conciencia, cada vez más responsable, frente a los grandes temas y problemas nacionales. Tiredié quiere ayudar a la formación de esa conciencia social por medio de la crítica social en una comunidad, en su mayor parte indiferente, en el mejor de los casos, engañada o desengañada.

Pero Birri no se conformó y su próximo trabajo tiende a analizar la delgada línea que separa el documental y la ficción, debate que se retoma hoy en día. Y así surge Los Inundados, basada en una obra literaria de un autor santafecino, película ficcional pero de base documental.

En el año 1962, hace casi medio siglo, Birri dispara con otro manifiesto más breve y con la única intención de reflexionar sobre los grandes temas del cine en el marco político en que éste se realiza: "El largometraje argumental ayuda a replantear la caducidad del cine contemporáneo, de los límites entre lo que se entiende tradicionalmente por argumental y documental. No oponíamos resistencia a una u otra forma (documental o ficcional) sino buscamos nuestra manera de manifestarnos. Y con Los Inundados agregamos popular a ese cine nacional, realista y crítico que aspiramos"

Y este clasificador de su propia obra denominó esta experiencia Docfic, género que no es ni documental ni ficción o, mejor decir, que es las dos cosas. Recordando a todos aquellos que hicieron posible ese importante movimiento, resaltó la figura de Salvador Samaritano, presente en el salón del Hermitage y aplaudido por los concurrentes. Esto, dijo, sólo pudo ser posible sobre la base de la entrega y la confianza de mucha gente, como Salvador, que fue el primer crítico de cine en la Argentina.

Le seguirá el Manifiesto de Org que en el año 1978, resume así: "Intento romper los diques de la percepción aspirando ahora a un cine cósmico, delirante y lumpen (lumpen no en tono peyorativo, sino pensando por ejemplo, que si uno dice los sin tierra hay un desplazamiento de la palabra y esta deja de ser negativa) totalmente discutible por sus métodos y sus tiempos de rodaje y de montaje, pero señalando que toda la operación es una demostración de que se puede poner en práctica la utopía; locura y rigor tomados de la mano, no habrá revolución duradera sin revolución del lenguaje, tábula rasa, cine desde cero para experimentar Org como un no film, como experiencia individual para cada espectador, individual y loco, como verificación de un cine para mutantes con esperanzas de comunicación".

Esta nueva dimensión lúdico-mental demuestra que Birri cree en los desplazamientos y dimensiona al público pensante, no como masa sino como reunión de espectadores individuales. Después de años de exilio y resistencia, llega 1985 y el Patriarca, a 30 años del Nuevo Cine Latinoamericano, sigue hablando de lo nuevo, porque lo nuevo no se corta nunca, esa es su función intrínseca, como alguna vez supo decir, lo nuevo no existe, hay que inventarlo.

El espíritu de este nuevo manifiesto puede sintetizarse en sus palabras: "Porque así como confieso que ya no sé más donde empieza la palabra cine y donde termina la palabra vida tampoco sé más donde termina la palabra poesía y donde empieza la palabra revolución. El arte transforma la cosa en otra cosa; la metáfora viva es la revolución. Muchas veces me pregunté si había un denominador común para esta multiplicación de peces y panes en el nuevo cine latinoamericano. Se impone una reflexión sobre la infraestructura de nuestro subdesarrollo económico, de una inaceptable deuda externa, sobre nuestras carencias tecnológicas entre las cuales hay que incluir urgentemente el desafío de la imagen electrónica, sobre la necesidad impostergable de la formación de cuadros técnicos y artísticos. He creído encontrar una respuesta en la energía de nuestra imaginación liberada y liberadora, en la teoría y praxis de una poética de transformación de la realidad, una poética crítica. Nuestra unidad es nuestra fuerza, nuestras experimentaciones y propuestas hacen del cine latinoamericano el movimiento que más décadas ha resistido en la historia del cine y hoy incorpora los temas contemporáneos, de la nueva calidad de la vida, los nuevos pétalos de las minorías oprimidas social y sexualmente, de nuestras compañeras cineastas, y porque no, los nuevos pétalos del video democrático".

Y llegamos a 1986 cuando escribe el último manifiesto: "Nunca hemos creído en las escuelas que se conforman con la transmisión neutra de la técnica; la técnica es solo una herramienta que también implica una visión del mundo, un juicio de valor sobre eso tratando de no caer en estereotipos. Ser un crítico de la propia mirada del mundo, expresar lo que todavía no tiene un nombre para que el lugar de la utopía esté en alguna parte. Si otro mundo es posible, otro cine es posible. El cine forma parte de ese cambio social que parece estar dando la Argentina; hay que reconocer algunos logros en el área porque, si bien adular es pésimo, ser un desagradecido es peor".

Además de los interesantes conceptos vertidos en su charla, este militante de la imagen, como él mismo se autodefine, presentó algunas de sus películas. En un teatro Colón colmado, y ante la emoción del director del festival, Miguel Pereira, que lo presentó dedicándole unas palabras, Birri aconsejó a los asistentes ver Un señor muy viejo con unas alas enormes, filmada en Cuba entre 1988 y 1990, despojados de todo prejuicio intelectual. Es que se trataba de un cuento que Gabriel García Márquez había escrito para sus hijos. Tanto le había gustado que decidió filmarlo y protagonizar el viejo alado; sugirió una mirada de un niño de 7 u 8 años, cuando uno podía prestar sus ojos a la magia. Insistiendo en la búsqueda de una identidad argentina y latinoamericana, sin ignorar la importancia que el festival siempre ha tenido en el contexto internacional, Birri cierra con la esperanza de que este festival recupere su lugar en el mundo, "porque un mundo sin esperanza es un mundo en el que no vale la pena vivir".

Mar del Plata posibilitó este encuentro con el hombre militante cuya obra (también es pintor y poeta) brega por no perder la unidad en el cosmos, unidad sin la cual, parafraseando al maestro, estamos perdidos, somos astronautas sin timón.

Patricia Carbonari




© FOTOGRAMA.com