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Festivales
Publicado el 18/03/2004

La divina competencia


"Adios querida luna"

¡Ay, ay, ay, la competencia marplatense!

Con el ímpetu de los primeros días y la expectativa que conlleva la participación de dos películas argentinas en competencia, nos lanzamos hacia la aventura.

Seria, digamos, muy seria, es la preocupación por las alteraciones del clima mundial y ya va siendo hora que, además de tomar conciencia, hagamos algo al respecto. Después del asombro que las retinas argentinas sufrieron con el desmoronamiento del glaciar Perito Moreno, cabría recordar que estamos en tiempo de descuento con el recalentamiento de la tierra. Pero dejando el tema para los especialistas, que decir de esta película argentina que se presentó el primer día de festival y que ensaya una manera de resolver el problema. Adiós querida luna, por momentos divertida, por momentos inexplicable, usa este disparador para llevarnos sin desvíos al encierro de tres astronautas, que, en el año 2068, son enviados al espacio, nada menos que por el gobierno argentino, para destruir el satélite lunar, convencidos los especialistas locales (no así comunidad científica mundial) de que esta es la clave para enderezar la tierra y estabilizar el clima del planeta. Los personajes (Flechner, Goyti, Urdapilleta) forman la comitiva que llevará a cabo tan delirante maniobra. La operación naufraga y la película también. Ni la aparición de un cuarto personaje (Fontova) ayuda a enderezar la narración que se corre del eje hasta perderse. La película resulta ser divertida a la hora de hablar de nosotros mismos, de reír de la argentinidad, o al menos no tomarla tan en serio, pero, esto no alcanza. Las actuaciones de estos talentosos intérpretes, que manejan muy bien el oficio, sostienen un film que tampoco les propicia un terreno para desplegar matices a sus composiciones.

Y bien, llegamos al sábado 13 a las 9hs: la sección competitiva se prepara para un film que entusiasma por su título pero acobarda por su extensión. Dealer, del húngaro Benedek Fliegauf, dura 160 minutos pero le sobran 60 (minutos más, minutos menos). A pesar del rostro seductor, la mirada profunda y la actuación adusta de su protagonista, Felicián Keresztes, el film abunda en ejemplos que aletargan la resolución del conflicto y no aportan nada (mas bien todo lo contrario) al ritmo de la narración. Seco, áspero, esquivo, nuestro dealer es un ex drogadicto que dejó la heroína para dedicarse a venderla. Un tono gris da la atmósfera ideal para seres que ya no pueden gobernarse a sí mismos. Y él, que pudo sobreponerse al consumo, no pudo con el negocio. Resulta inevitable la empatía con el protagonista y su historia que, por momentos, aporta alivio a tanta desmesura y pesadumbre. Pero ni su posible hija, una niña cuya actuación merece ser destacada, ni su novia, lograrán salvarlo del infierno. Si la síntesis se hubiera apoderado de Dealer y las historias periféricas, la de los compradores, rebanadas, Dealer hubiese podido ser muy interesante. Pero no, la competencia no está dando sorpresas.

No obstante, alentados por la esperanza, la crítica y el público prueban con una producción latinoamericana. Desde Perú y de manos de un joven director de 31 años, Fabrizio Aguilar, llega Paloma de Papel. Con ánimo de parecer neutral a la hora de hablar de la violencia en los escondidos campos del Perú profundo, esta ópera prima tropieza con su confusa posición (si así pudiera llamarse a este engendro ideológico) política. El conflicto con Sendero Luminoso (el grupo maoísta que desde hace años opera en las zonas campesinas) por el reclutamiento en sus filas de hombres, mujeres y niños para la lucha armada, es encarado con un simplismo tan absurdo que exaspera a cualquier espectador más o menos prevenido. Difícil es digerir este planteo de Aguilar como si se tratara de un duelo entre malos y más malos, o de Rambo contra todos los "terrucos".

Como si fuera posible reponerse fácil, el domingo temprano será dedicado a rescatar algo más interesante. Pero, Konjanik, del croata Branco Ivanda, no despega del romance épico con origen trágico. Nos encontramos ante una historia de amor a mediados del siglo XVII en el fragor de la intolerancia religiosa balcánica. Pero el croata no consigue darle vuelo a esta historia, con una estructura por todos conocida tanto como su desenlace, bastante frecuente en la pantalla grande.

El sol del mediodía traerá la italiana Mi piace lavorare, lo mejorcito que hasta ahora ha dado la divina competencia. Todo comienza cuando los empleados de una empresa se juntan a brindar por la nueva era; su empresa ejercita la fusión con una multinacional. Este choque de copas es el punto de partida para el calvario de Anna, secretaria ejecutiva que será continuamente asediada por los nuevos directivos que trazarán un plan sin anestesia hasta llegar al golpe final: la desvinculación de esta mujer, hasta ahora eficiente empleada, de la moderna empresa globalizada. Anna va reaccionando como le dan sus fuerzas ante esta situación y su pequeña hija Morgana será la que le permita salir con fuerza del "estado de desocupación". Un film simple, sin pretensiones, narrando una historia personal que bien podría ser la de cualquiera y de hecho es la de muchos en distintas partes del mundo. La directora, Francesca Comencini, estructura un muy buen film con el apoyo de la gran actuación de Nicoletta Braschi.

Hacia la recta final, a Mar del Plata le quedan algunos títulos para encauzar esta importante sección en un festival que busca su identidad de clase A.

Patricia Carbonari




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