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Festivales
Publicado el 16/03/2004

Promediando el Festival

Un balance provisorio, de las primeras jornadas y películas de Mar del Plata


"Carandiru"

Mar del Plata arrancó su edición número 19, como lo había hecho el año anterior con la multipremiada Cidade de Deus, con un film que indaga en la violencia made in Brasil. Esta vez, la protagonista fue la masacre de Carandiru, populosa cárcel de San Pablo, que dejó el triste saldo de 111 muertos asesinados con la impunidad que caracteriza a las fuerzas policiales de nuestras tierras latinoamericanas. El film, dirigido por Héctor Babenco, argentino residente en Brasil, de quién se recordarán las celebradas Pixote y El beso de la mujer araña, no se concentra en profundizar la compleja problemática carcelaria sino más bien en edificar un film de denuncia de tono efectista, con personajes esterotipados que nunca terminan de construirse. Lejos de Cidade de Deus, la apertura brasileña 2003, Carandiru tiene, no obstante, fotogramas de una crudeza visual que alumbran sobre la dolorosa noche del 2 de octubre de 1992 y el demencial comportamiento de las fuerzas "del orden".

Dos importantes reconocimientos a la trayectoria engalanan esta edición que sigue buscando instalar una identidad argentina y latinoamericana en este festival. Uno de los elegidos para homenajear fue el cineasta Fernando "Pino" Solanas que comenzaba allá por la década del 60 en el marco del Cine Liberación con títulos inolvidables como Los hijos de Fierro y La hora de los Hornos. Se presentó su documental más reciente, Memoria de saqueo, sobre las consecuencias atroces de la política liberal puesta en marcha por los sucesivos gobiernos argentinos y los hechos de diciembre de 2001 que terminaron con la caída del gobierno de Fernando De la Rúa.

Con la visita del presidente Néstor Kirchner el sábado por la noche, lo que revolucionó las pasarelas destinadas a las estrellas, se realizó, en un teatro Auditorium colmado, la entrega del Astor (estrenando premio que reemplazará al Ombú y homenajea al marplatense más famoso, el músico Astor Piazzola) a la trayectoria de Pino Solanas. De manos del propio presidente, en un discurso extenso, con anuncios que auguran un buen futuro al cine nacional y a la consolidación de la industria, Solanas recibió y agradeció este premio, sin omitir un empujoncito a la gestión de K.

Aunque muy relevante desde el punto de vista político, esta visita no careció de glamour. La primera dama Cristina Fernádez de Kirchner, luciendo una vez más elegante (junto a la comitiva, entre los que se encontraban el gobernador Felipe Solá y el intendente local), saludó al público marplatense que rodeaba la clásica alfombra roja.

El segundo elegido para el Astor honorario fue el maestro de cineastas Fernando Birri, quién conquistó un amplio espectro de público, desde jóvenes estudiantes de cine hasta desprevenidos asistentes a las salas del festival. Convertido en una solicitada estrella, el maestro Birri ofreció una master class y presentó una retrospectiva de su obra, tanto de la etapa en Argentina como la del exilio en Italia y la estancia en Cuba.

Las doce salas destinadas al festival recibieron una importante cantidad de espectadores, con entradas accesibles al público y muchas veces agotadas horas antes de la función. Durante los tres primeros días se superaron los 40.000 espectadores, y, a juzgar por la tendencia, las cifras superarán los 100.000 asistentes al festival 2003.

La competencia oficial aún no arrojó buenos títulos en estos cinco días de festival. Quizás el film Mi piace lavorare, de la italiana Francesca Comencini, centrado en la historia de una mujer víctima de la salvaje flexibilización laboral, sea el título que, sin brillar ni hacer novedosos aportes a este tema recurrente entre los actuales títulos del cine europeo, más genuinamente y sin pretensiones recorra, con no poca soltura, los nefastos días de la globalización desde la mirada de una mujer. Despedida de su trabajo, Anna, sola, intenta sobrevivir y dar un futuro a su pequeña hija Morgana, quién a la postre se convertirá en la contención afectiva necesaria para superar la incertidumbre y retomar el vínculo con la "realidad".

Pero otro capítulo será analizar si esta competencia mejora su rumbo y eleva el mediocre nivel desplegado en la primera etapa de Mardel.

Patricia Carbonari




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