La española "Te doy mis ojos" y la norteamericana "Veronica Guerin" fueron aplaudidas, aunque los criticos se decantaron más del lado de la primera
Tan diferentes son los personajes de una mujer provinciana temerosa y maltratada, frente al de una periodista famosa y rica que se convierte en denunciante de narcotraficantes y es asesinada por éstos, como los estilos de los directores que los han llevado a la pantalla. La española Icíar Bollaín ha elegido un tono contenido, creíble, rico en matices para su tercera realización, "Te doy mis ojos", mientras el norteamericano Joel Schumacher ha preferido la simplificación hollywoodiense, con imágenes impactantes, personajes esquemáticos -o buenos buenísimos o malos malísimos-, y sin aprovechar el esfuerzo de su protagonista, Cate Blanchett, que en "Verónica Guerin" tiene mucho de Robin Hood "pija", con la que se hace difícil simpatizar. Todo ocurría este miércoles, con aplausos para ambos títulos, aunque más generales con la primera de las cintas a concurso.
"Te doy mis ojos" es una confirmación del talento como directora de la también actriz Icíar Bollain, que ha trabajado al lado de Alicia Luna durante largo tiempo un guión sobre el candente tema de la llamada "violencia de género", que llena los informativos de radios y televisiones españolas."Lo que quería en última instancia -explica Bollain- era intentar entender el por qué del maltrato en la pareja, cuáles son las razones de que un hombre pegue o mate a su mujer, y de que una mujer tarde de cinco a diez años en denunciar y abandonarle. Quería entender a las dos partes".
La tercera película de las cuatro españolas presentes en la sección oficial donostiarra esquiva mostrar directamente la violencia física -que no la psicológica-, aunque el espectador deduce que el personaje de Laia Marull ha sido agredida y tiene pavor a su marido precisamente por ello. "Rodamos una secuencia en la que sí se veía una paliza, que pensábamos incluir como "flash-back", pero luego vimos en el montaje que no era realmente necesaria", cuenta Bollaín, quien insiste en que ha intentado huir de una descripción en blanco y negro: "El marido (Luis Tosar) no es un cafre, es capaz de amar, de ser también tierno, pero se deja vencer por la ira. No puede controlar sus pulsiones. Creo que así se hace mucho más interesante".
"Dudo -añade- que un maltratador sea feliz agrediendo a su mujer. Pero tampoco creo que se trate simplemente de un ser enfermo. Tiene una manera errónea de entender el amor, como una dominación dañina, un control de su pareja. Quien más quien menos siente celos alguna vez, pero hay que controlarlos. Y, por supuesto, cuando actúa violentamente se convierte en criminal, y se le debe castigar por ello. Pero también hay que prevenirlo".
Bollaín elogia sin paliativos a sus actores, de los que se confiesa admiradora, y a la hora de una posible presencia en el palmarés final, apuesta claramente por Marull y Tosar. "La primera espada de Damocles que tienes al participar en un festival como este es la respuesta de la crítica y la prensa, y esta parece haber sido muy buena, así que estoy feliz. He cumplido ese objetivo previo al estreno, porque sin él llegaríamos a los cines descabezados. Respecto a la Concha de Oro, sinceramente no he pensado en ella. Creo que hay dos trabajos objetivamente maravillosos en mi película que son los de los dos protagonistas, y espero que el jurado así lo vea".
"Veronica Guerin" ha llegado a San Sebastián sin nadie que la apoye. Probablemente en BuenaVista hayan pensado que tras participar en festivales de Irlanda, Gran Bretaña y Canadá la promoción ya está más que hecha y venir a San Sebastián era un mero trámite. El trabajo de Blanchet, estimable, no es probablemente suficiente para optar a premio por un título cuyo tratamiento hollywoodiense hace poco explicable su participación en un certamen de teórica primera categoría.
Por otro lado, las diversas secciones y actividades se multiplican en San Sebastián. Ha gustado la mexicano-española "Nicotina", que ha traído hasta la capital donostiarra al ya popular Diego Luna (también participante en la cinta de clausura "Open range"), aunque la presencia latinoamericana globalmente sigue pasando bastante desapercibida fuera del apartado competitivo.
"TE DOY MIS OJOS", de Icíar Bollain (España)
En esta su tercera película como directora (las dos anteriores lograron sendos premios en los festivales en que se presentaron), Icíar Bollain nos acerca al drama de las mujeres maltratadas desde una perspectiva distinta, en la que se ve al hombre no sólo como maltratador, sino también como víctima de su propia ira, un ser incapaz de controlar sus instintos. Tras un arranque prometedor por la originalidad de su punto de vista, mediado el metraje "Te doy mis ojos" cae en un terreno más predecible y menos original, pero manteniendo siempre el interés. Lo más destacado de este film son sus intérpretes: un excepcional Luis Tosar, descubierto para el gran público en la anterior película de Bollain "Flores de Otro Mundo", compone una interpretación llena de matices, en la que refleja de forma natural y creíble la ira, las inseguridades, la ternura, los miedos de su personaje y logra una química casi perfecta con la actriz que interpreta a su esposa en la pantalla, una brillante Laia Marull en un papel muy complejo. Candela Peña, en excelente racha en el 2003 tras "Torremolinos 73" y "Descongélate", es el contrapunto y complemento perfecto para el dúo protagonista.
"VERÓNICA GUERIN", de Joel Schumacher (EEUU/Irlanda)
No miente el título de esta única representante del más puro cine estilo de Hollywood, con Jerry Bruckheimer en labores de producción incluido: cuenta la historia de los dos último años de la vida de Verónica Guerin, periodista–estrella irlandesa que en los años noventa luchó en contra de las mafias locales que controlaban el negocio de la droga. No se indaga más en el mundo de la droga, o en el de las mafias, ni en sus motivaciones, ni sus consecuencias, todo lo que se cuenta va en función de su protagonista. Esto permite lucirse a Cate Blanchett, en pantalla prácticamente durante toda la proyección, que aprovecha a las mil maravillas este personaje para volver a demostrar su talento, aunque por desgracia en un vehículo tan superficial y simplificador de la realidad como éste. El grandilocuente y efectista estilo habitual en Schumacher juega en su contra.
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