Entre las más esperadas películas de la Mostra, "Dolls" llenó las salas con inusitada espectación este jueves.

Miho Kanno, protatagonista de "Dolls"
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Por mucho que Moritz de Hadeln, cuya continuidad es uno de los temas recurrentes en las charlas de los enviados especiales al Lido, quiera borrar al menos en parte esa imagen de sesuda reunión de críticos exquisitos que tiene la Mostra, aquí a los considerados maestros vivos del Séptimo Arte se les tiene una veneración especial, y mucho más si vienen acompañados de cierta aureola de "modernidad", como es el caso del japonés Takeshi Kitano. Su último trabajo, "Dolls" (Muñecos), fue acogido con una enorme espectación y sala repleta.
Esta cinta inspirada por el tradicional teatro de marionetas nipón Bunraku, de gran belleza formal, sin embargo está lejos del primer cine por el que Kitano fue conocido en Occidente, el violento y a la vez trascendental. Porque aunque nadie puede negarle la trascendentalidad trágica a "Dolls", se trata de una película muy lenta, y para el espectador medio poco habituado al cine oriental, definitivamente aburrida. Eso no ha quitado para que la crítica la haya acogido con entusiasmo. Sobre todo más que la segunda cinta en competencia por el León de Oro, "Julie walking home", de la polaca Agnieszka Holland, un batiburrillo dramático en el que es fácil perderse.
Como en las historias de los títeres en que se inspira, "Dolls" narra tres amores imposibles con el nexo común de la presencia de la muerte. El destino cruel y las emociones contenidas, los largos silencios y la narración pausada están presentes en la última película del director de "Brothers", explosión de color estacional que acompaña al paso del tiempo. Inevitable receptora del título de "obra de autor", esta realización de Kitano está llamada al olimpo de la crítica mucho más que al del público.
Más unánime fue desde luego el rechazo a "Julie walking home", drama sobre una mujer que sufre la infidelidad de su marido y una enfermedad de su hijo, la cual, tras el deshaucio por parte de los médicos la vuelca hacia la sanación irregular. Así, se relaciona con un curandero ruso que parece mejorar al niño. La acumulación de situaciones y personajes acaban haciendo olvidar la trama central de la historia, y el resultado final es confuso.
La Mostra, después de Risi, volvía este jueves a homenajear a un maestro del cine italiano, el menos popular pero criticamente admirado Michelangelo Antonioni, quien recibía -visiblemente deteriorado y pocos días antes de cumplir los 90 años- el nuevo el Premio San Marco, que recompensa a innovadores cinematográficos. El autor de "La aventura", "La noche" y "Blow up", casi paralítico, apenas pudo hablar y sus últimos trabajos han contado con el apoyo de significativos colaboradores. Su último trabajo, "Eros", quizás un legado final, se estrenará el año próximo.
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