La presencia del astro Tom Hanks fue lo más destacado de la jornada del sábado en la Mostra. "Road to Perdition" ha gustado y en boca de casi todos había comentarios sobre sus posibilidades en los Oscars.
Con Tom Hanks, la Mostra de Venecia ha ganado doblemente enteros este sábado. Primero por la buena recepción de su película "Road to Perdition", ya un éxito de taquilla en EEUU y en varios mercados latinoamericanos, y segundo por su estelar presencia, después de una jornada, la de ayer, en la que el principal protagonismo recayó en la estrella local Sofía Loren. La segunda cinta en competencia por el León de Oro, la francesa "Au plus près du paradis", por su parte, gustó moderamente, y nos trajo a la siempre fascinante diva francesa Catherine Deneuve. En el segundo apartado a concurso, Controcorrente, Ripstein nos obsequió con una más de sus lentas y esteticamente virtuosas obras, sólo para críticos fieles a sus largos planos-secuencia y a los literarios diálogos de Paz Alicia Garciadiego, declamados esta vez por Ariadna Gil y Luis Felipe Tovar.
Sam Mendes, un hombre del teatro británico recala nuevamente en Hollywood para adaptar en "Road to Perdition" un comic sobre gangsters en los años 30, en un sutil mano a mano entre Hanks y el veterano Paul Newman. Estamos ante una gran película, que bien podría revalidar la cuenta de Oscars lograda en su día por Mendes con "American beauty".
Tom Hanks, que interpreta a un asesino de la mafia irlandesa, ha dicho aquí en el Lido que su film habla sobre todo de las relaciones padres-hijos y de como "puede existir la redención de un hombre a través de su hijo". Mendes, por su parte, asumió que el film es violento, aunque no graficamente violento, porque lo importante era sobre todo mostrar los efectos de esa violencia.
Para el protagonista de "Salvar al soldado Ryan" y "Algo para recordar", este papel significa un cambio notable, aunque el actor bromeó diciendo que esperaba que los espectadores siguieran creyendo "que por encima de todo soy un tipo encantador". Ya hay quien habla de una posible nueva estatuilla (sería la tercera) para Hanks, y otra sin duda para Newman, quien no ha venido hasta aquí, cosa explicable teniendo en cuenta que según Mendes, tiene tan pocas ganas de moverse que tuvo que visitarle siete veces para que aceptara su personaje, un capo mafioso.
"Au plus près du paradis" es el nuevo trabajo de Tonie Marshall, la hija de la veterana estrella gala Micheline Presle, cuyo máximo éxito hasta la fecha ha sido "Vénus beauté". Se trata de una historia de amor y confusión, en la Catherine Deneuve, que cree haber encontrado al amor de su vida (con el que por cierto tiene una cita en el Empire State, como en "Tu y yo" y "Algo para recordar"), no sabe a que carta quedarse cuando en EEUU se cruza con un fotógrafo, interpretado por William Hurt (por cierto siete años menor que la estrella gala en la vida real). Lo mejor de la película es precisamente esa parte final en la que aparece el actor norteamericano, pero la acogida ha sido aceptable, aunque sin entusiasmos.
Por su parte, Ripstein nos da más de lo mismo, y además durante dos horas largas. Ambiente opresivo, un guión que mezcla como suele ser habitual en la pluma de Garciadiego lo literario con lo barriobajero, obsesiones, miserias humanas y en este caso el peso de la nostalgia y el exilio. "La virgen de la lujuria" ("Rip" ha bromeado aquí sobre su interés en que la Iglesia mexicana le critique como a Carrera con "El crimen del padre Amaro") se hace pesada para el espectador normal, por el opresivo y casi único escenario de ese Café Ofelia donde se reunen en los años 40 los exiliados españoles, y donde un camarero solitario se enamora de una puta (Ariadna Gil), por la que es capaz hasta de matar a Franco. Sin embargo, contiene todos los ingredientes que han convertido al "incomprendido" en su país cineasta mexicano en un favorito de la más sesuda crítica europea.
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