Aunque quizás haya sorprendido que David Cronenberg abandone al menos en parte su tendencia reciente a lo retorcido y maquinista, ni él ni otro veterano de este certamen, Ken Loach, han decepcionado a sus fieles seguidores, con "Spider" y "Sweet sixteen", respectivamente. Ambos dramas urbanos coinciden en basarse en el peso obsesivo de la presencia maternal en sus protagonistas, pese a que pertenezcan a diferentes generaciones.
"Los ricos también lloran, pero quienes más motivos tienen para hacerlo son los pobres", parece ser la divisa de Loach, un cineasta militante, comprometido, que sin embargo huye del panfleto abstracto para contarnos historias concretas, humanas y creíbles. Sus realizaciones, hasta la fecha, habían tenido como personajes centrales a cuarentones, salvo quizás "Riff, raff", la referencia más próxima a esta "Sweet sixteen", aunque ahora los jovenes lo son más, para convertirse en adolescentes perdidos en una sociedad injusta en la que nunca hallan alternativas de esperanza.
"Los jovenes tienen la impresión de haber sido engañados. La vida debería darles algo más", ha dicho Loach en su rueda de prensa. "Tenemos una gran responsabilidad de cara a esos muchachos, y debemos decirles que el mundo necesita un cambio", añadía el realizador británico de "Tierra y libertad". Loach escribió su nueva cinta junto a su habitual colaborador Paul Laverty, y de nuevo contó con muchos actores no profesionales, en este caso del mismo escenario elegido, la ciudad obrera de Greennock, al este de Glasgow, una zona empobrecida por el cierre de sus astilleros.
No podemos decir que "Sweet sixteen" sea la obra maestra de su autor, sino simplemente una convincente obra más en su comprometida carrera, y los aplausos rubricaron esa fidelidad a sí mismo.
A pesar de que "Spider", por su parte, tiene afortunadamente señas de identidad propias y distintivas frente a la tendencia a epatar y confundir al espectador que Cronenberg ha mostrado en los últimos tiempos, el canadiense ha demostrado que las trampas de la mente le excitan especialmente a la hora de crear. Su protagonista vive la pesadilla de la esquizofrenia, aunque sus fantasmas no sean tan alucinatorios como los que pueblan las precedentes cintas del director.
La historia parte de una novela homónima de Patrick McGrath (autor también del guión), que le atrajo de inmediato por representar "la confluencia de los universos de Samuel Beckett y Sigmund Freud". El trabajo de Ralph Fiennes es probablemente lo más destacado de esta aceptable película de Cronenberg, director que nunca deja indiferente. Algunos ya piensan que su torturada interpretación de este hombre obsesionado por el supuesto asesinato de su madre a manos de su padre, liado con una prostituta, puede darle el premio al mejor actor. Tampoco podemos no citar a Miranda Richardson, enfrentada a un triple y contradictorio papel: el de la madre, la puta y la vieja y avara matrona de la residencia donde vive el protagonista. "Spider" también recibió su ración de aplausos.
"Spider" (Canadá-G.B.-Francia)
Después de varios años en un psiquiátrico, Spider (Ralph Fiennes) es trasladado a un hogar de reinserción en la periferia, al este de Londres, a poca distancia del lugar donde vivió de niño los terribles acontecimientos que le quebraron la vida... Cuando tenía sólo doce años su padre mató a su madre para meter en casa a la prostituta que se había convertido en su amante. De vuelta al lugar del drama, Spider va poniendo en orden sus recuerdos y descubre que hay algo peor que perder la cabeza: recobrar el juicio.
"Sweet sixteen" (Gran Bretaña)
En unos días, Liam (Martin Compston) cumplirá 16 años. Su madre, Jean, que está en la cárcel por un asunto de drogas, debería ser liberada a tiempo para asistir al cumpleaños. Liam, hijo de una familia rota en un barrio obrero, espera ansiosamente ese momento. Sueña con una situación familiar diferente, mientras teme la influencia de su abuelo y del novio de su madre, Stan. Quisiera tener un hogar en el que acoger a su madre y vivir con ella y su hermana Chantelle (Annmarie Fulton). Pero para todo eso hace falta dinero, algo nada fácil de conseguir para un adolescente marginal. Liam se dedica al "trapicheo", pero eso no hace sino causarle problemas, que se van agravando.
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