De la diversión a la exasperación, de una película original y devertida, aunque menor, a un ladrillo pretencioso, tecnológico y vacío. Cannes este domingo ha sido un día de extremos en el apartado competitivo, con los aplausos para la fresca comedia romántica del norteamericano Paul Thomas Anderson "Punch-drunk love" y unos poco habituales abucheos a "Demonlover", del francés Oliver Assayas.
Se ha convertido en constante en los últimos años de Cannes una omnipresencia de la cinematografía francesa, a veces disimulada por el "fichaje" de directores foráneos y por las coproducciones. A nadie se le escapa que el cine galo es industrialmente el más potente de Europa, el que más films produce al año, pero precisamente por eso mismo cabe preguntarse cuál es el criterio de los seleccionadores de este certamen cuando, pudiendo elegir entre varias decenas de películas, con demasiado frecuencia nos cuelan títulos no sólo impresentables para Cannes, sino para cualquier certamen mundial incluso de menor categoría. Claro que son franceses... y esto parece bastar. Así ocurre con "Demonlover".
Hacía tiempo que en el Gran Auditorium Lumière no se escuchaban pitos, pateos y abucheos como los de este domingo ante el bodrio de "Demonlover", un "thriller tecnológico" con todos los ingredientes del Hollywood comercial (incluidos varios actores norteamericanos) y toda la vacua pretenciosidad de cierto cine galo. El resultado ha sido una sonora protesta en el patio de butacas. Absurdo, rebuscado, confuso, peregrino, insufrible, eran algunos de los calificativos oídos este domingo en Cannes, y la gran pregunta que sobrevolaba el palacio era qué pinta esto aquí.
Por contra, Paul Thomas Anderson, ha pretendido introducir aire fresco en su carrera, después de dramas como "Boogie Nigths" y "Magnolia", con "Punch-drunk love". "Quería hacer una comedia romántica", ha dicho el realizador norteamericano en su rueda de prensa, a lo que añadiríamos que su tarea ha sido ejecutada con acierto y con ese toque original que destila su cine anterior. "Punch-drunk es una expresión que describe el estado de espíritu de alguien que no controla del todo, que ha sido zarandeado o está "colocado". Creo que esa es la situación exacta en la que caemos al enamorarnos", ha comentado por su parte el protagonista, Adam Sandler.
Y es que la primera muestra de originalidad nos la ha brindado Anderson en su casting, con un cómico (Sandler) cuyo paso por Hollywood dificilmente podría ser incluído en los libros de cine, y una actriz británica, Emily Watson, que conocemos por profundos dramas en los que ha brillado sobradamente su talento. Uno y otro clamaban por una oportunidad de cambio, y esta inteligente comedia de Anderson se lo ha permitido. "Por fin no quería llorar, ni morir en una película. Parecía que no tenía que esforzarme, sólo estar allí. Fue delicioso hacer una película divertida y romántica", ha dicho con una sonrisa Watson.
Risas y aplausos rubricaron una película capaz de salvar la jornada competitiva en Cannes, en la cual se ha empezado a notar cierto revuelo de protesta contra los organizadores del certamen, por parte de la prensa internacional especializada, ya que mientras programan pases de prensa de films fuera de competición en las mayores salas del complejo y en cómodos horarios, dejan a veces -como ha ocurrido hoy con la cinta de Kiarostami- a otros en concurso relagados a las más pequeñas, lo cual impide a cientos de informadores y críticos poder verlas (no olvidemos que la prensa supera ya 4.000 credenciales).
"Punch-drunk love" (EEUU)
La sorprendente historia de Barry Egan (Adam Sandler) y sus siete arpías de hermanas. Desde pequeño, le han envuelto en una tela de araña protectora, por lo que apenas ha tenido la posibilidad de preocuparse por las chicas y de enamorarse, y además le han hecho desarrollar cierta reprimida agresividad que de vez en cuando aflora. Sin embargo, y a pesar de no ser precisamente una lumbrera, Barry ha podido descubrir un error en el concurso de una marca de pudin, y comprando cientos de paquetes se ha hecho con miles de millas en pasajes aereos. Su vida va a cambiar cuando llega una mujer misteriosa pero llena de encanto (Emily Watson).
"Demonlover" (Francia)
Diane (Connie Nielsen) trabaja en una multinacional, cuyas actividades van desde el negocio inmobiliario a la moda, y que negocia la compra de una firma japonesa especializada en "manga" pornográfico, cuya rentabilidad está fuera de toda duda. Dos empresas se enfrentan para conseguir la exclusividad de esas imágenes en la red, Mangatronics y Demonlover. La primera paga a Diane para que realice para ellos espionaje industrial y dinamite un posible acuerdo con Demonlover. Los lazos de ésta con sitios de internet más allá de lo legal (extrema violencia y sado-maso) podrían perjudicarle seriamente en sus objetivos, aunque la compañía de Diane ignora este detalle. Pero la chica descubre que ella no es la única espía infiltrada, y que algunos de sus compañeros trabajan para la competencia. Pronto sabe demasiado y se convierte en objetivo a eliminar por parte de Demonlover.
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