El cine italiano ha dejado de ser previsible, aunque el público mundial lo siga identificando con ciertos clichés de la comedia de costumbres y el sentimentalismo. Nápoles está produciendo una renovación iniciada hace menos de una década que dio, además de esta sección, los dos films en competencia.
Luna Rossa, de Antonio Capuano
Domenica, de Wilma Labate
Fondali Notturni, de Nino Russo
Lontano in fondo agli occhi, de Giuseppe Rocca
Morte di un matemático napoletano, de Mario Martone