
"El Rey León"
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Las películas de dibujos animados infantiles, calificadas como aptas para todo público, tienen una altísima dosis de violencia que va en aumento con el paso de los años.
Un grupo de prestigiosos investigadores de la Escuela de Salud Pública de Harvard afirma en un estudio publicado esta semana que esa violencia es aún más perjudicial para los chicos por la sencilla razón que los padres confían en que se trata de una película adecuada para ellos.
Este trabajo analizó 74 películas calificadas en Estados Unidos como G (para público general) disponibles en video y considerando la violencia en un término amplio, incluyendo escenas de golpes físicos, duelos a espada, manipulación de armas de fuego y agresiones en general.
Los investigadores citan diversos ejemplos puntuales: desde "Bambi" (1942), en la cual la madre de Bambi es muerta fuera de cuadro por un cazador, hasta "El Rey León" (1994), cuando el Rey Mufasa es asesinado en cuadro por su hermano.
«Al menos un personaje comete un acto violento en cada una de las cintas analizadas», informa Kimberly Thompson, uno de los autores. «Casi la mitad de estas acciones concluyen con una muerte».
En promedio, cada película contiene 9 minutos y medio de violencia, con el extremo de "Quest for Camelot" (1998), que sobresale con 24 minutos, casi un tercio de su duración total. Otros filmes que contienen más violencia que ese promedio son "A bug's life", "The Pebble and Penguin" y "El jorobado de Notre Dame".
Lo más preocupante, según el estudio, es que esta violencia es tomada con naturalidad por los chicos y hasta por los grandes. Desde siempre, la violencia en los dibujitos animados fue utilizada con fines cómicos ("Tom y Jerry", "El Correcaminos"), pero este in-crescendo puede desembocar en una insensibilidad extrema en los chicos, que ya consideran algo normal pegarle a un adversario en la cabeza con un martillo. Y los padres, por otra parte, confían en que los filmes de Disney, por citar un ejemplo, son educativos y didácticos.
Una de las posibles soluciones es presionar a la Motion Picture Association of America para cambiar el sistema de calificación, pero no parece una salida muy viable.
Un hecho significativo: los malos tienen 23 veces más posibilidades de morir que los buenos.
