Cuando se anuncian las nominaciones, se inicia el bombardeo de las relaciones públicas. Opinan los publicistas.
Ganar un Oscar es el máximo honor en Hollywood. Es un reconocimiento al éxito artístico y, para la mayoría de los actores, una distinción insuperable en su carrera.
Pero el largo viaje desde la primera audición al discurso de agradecimiento va mucho más allá de aprender las líneas del libreto y desempeñar un rol estelar.
También tiene que ver la campaña previa a la entrega. Durante las semanas que anteceden a la gran noche, publicistas y promotores del galardón ponen manos a la obra.
Los encargados del cabildeo desarrollan afinadas estrategias de marketing para hacer ruido y conseguir la atención de la prensa sobre las películas que están promoviendo.
Los medios de comunicación comerciales en Hollywood están llenos de avisos que van dirigidos directamente a los votantes; los estudios les envían a los miembros de la Academia copias de sus películas, con un mensaje que dice “Para su consideración”, y algunos actores que casi nunca dan entrevistas sorpresivamente pasan de un show televisivo a otro, recordándole a todo el mundo: “estoy nominado a un Oscar”.
“Esto es Hollywood, no Viena”, dice Tony Angelotti, un asesor de los premios de la Academia y publicista cinematográfico. “Somos realmente una ciudad comercial. Amamos el arte tanto como el resto del mundo, pero si una película no produce dinero no hay campaña para el Oscar, no puede haber”, dice.
Una vez que se anuncian las nominaciones, empieza el bombardeo de relaciones públicas. “Están calentando el ambiente”, plantea Morgan Freeman, ganador del Oscar el año pasado por su rol en la película “Million Dollar Baby”
En la mayoría de los casos, la campaña es planificada al mismo tiempo que se diseña la estrategia de promoción en salas de cine. En ese punto, el objetivo es asegurar una nominación, que por sí sola impulsará la venta de entradas. “En mi caso, estoy seguro de que el año pasado consideraron el hecho de que fue mi cuarta nominación y mucha gente decía ‘deberías haberlo ganado antes’. Todos esos factores influyen”, agrega Morgan Freeman.
También se hacen campañas de carácter agresivo, que tienden a causar controversia entre los puristas de Hollywood.
Precedente
Una gigantesca operación de marketing hecha por Miramax fue considerada la responsable de que la película “Shakespeare in Love” ganara el premio en 1999, pese a que el filme “Salvando al soldado Ryan” había sido el favorito. Gil Cates, el productor de la ceremonia de los Oscar, tiene una visión crítica sobre las campañas. “Muchas son excesivas o van más allá de donde deberían ir. Si una campaña te estimula a ver una película, perfecto. Pero una campaña que intenta persuadirte de que votes por una película creo que es moralmente equivocada”, señala Cates.
Y aunque se descarta que sea posible comprar un Oscar con todas estas campañas, lo que sí se maneja, según Fredell Pogodin, dueño de una agencia de relaciones públicas que se especializa en cine independiente, es “una enorme cantidad de recompensas”.
