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Actualidad
Publicado el 03/01/2002

El boom del cine francés

Cómo ha sido el renacimiento comercial de la industria fílmica gala, que se anima a pelearle el liderazgo a Hollywood a nivel mundial.


"Amelie"

"El placard"

Durante la década de los 90, el cine francés instaló su porcentaje de producción entre el esperanzador 37,5% de 1996 y el depresivo 27,6% de 1998. Poder rivalizar con el cine americano como lo había hecho durante los '60 y antes, en la inmediata posguerra, era un sueño insensato hasta que llegó el cambio de siglo y de la mano de la exitosa cinta Amélie, dirigida por Jean-Pierre Jeunet (con más de ocho millones de espectadores), también cambiaron las cosas. Francia cerró un año con una cuota de mercado cercana al 42%. Por primera vez en mucho tiempo, el cine americano no alcanzará el 50% del mercado galo.

Sin embargo, esa buena salud comercial de la cinematografía francesa no descansa en un único título, porque son diez los filmes estrenados en los últimos doce meses que ya han cruzado la frontera de los dos millones de espectadores, con cuatro de ellos -la ya citada Amélie, Le Placard y Le Pacte des Loups, entre ellos- por encima de los cinco millones. ¿Qué tienen en común todos esos éxitos? Nada o casi nada, y eso es lo mejor, pues significa que el cine galo escapa por fin a una imagen envejecida, que le condenaba a una alternancia rutinaria entre la comedia y el cine de autor, cada vez más difícilmente exportables aquella y éste.

La exitosa oferta francesa incluye grandes producciones de época, como Le Pacte des Loups; reciclaje de viejas series televisivas de terror, caso de Belphégor; cine para adolescentes -Wasabi o Yamakasi-, o aprovechamiento de la popularidad que proporciona a los cómicos el salir por la pequeña pantalla (La Tour Montparnasse Infernale), al tiempo que obras de autor que saben reconciliarse con la demanda popular, como es el caso de Chaos, la última película de Coline Serreau que ha llevado a las salas de cine a más de un millón de personas a pesar de estar rodada en video.

Las estadísticas no demuestran aún hasta que punto esa resurrección del cine francés es fruto de una serie de fenómenos que coinciden en el tiempo. Si por un lado está el importante aumento del coste medio de las producciones -nueve títulos han costado más de 15,3 millones de euros (unos 7.500 millones de pesos chilenos), por otro se encuentran muchos filmes rodados en video y en condiciones casi artesanales.

El resultado es una oferta mucho más variada y, sobre todo, una recuperación del público joven. Hace cuatro años Eric Zonka, director de La Vida Soñada de los Angeles era taxativo: "El cine francés está condenado a muerte porque nadie de menos de 30 años quiere ver nuestras películas". Ahora los adolescentes hacen ricos a productoras como Europa, del Midas francés Luc Besson.

Nadie sabe tampoco cuál ha sido la influencia de la irrupción de los nuevos carnets de espectador, esos que permiten ver por un precio fijo un número indeterminado de películas al mes, de manera que, a partir de la cuarta entrada, cada proyección suplementaria resulta gratuita. Sin duda el carnet -el 6% de las entradas en el año 2001 entran dentro del abono ilimitado- ha ayudado a aumentar el número de localidades vendidas -180 millones en 2001 frente a los 153 del año 1999-, pero también puede que haya contribuido a que el espectador sea más atrevido, a que su curiosidad no se limite a las grandes producciones de Hollywood.

Algunas producciones galas se han estrenado arropadas por el mismo número de copias (800) que reclama un éxito de Hollywood. Las campañas de publicidad utilizan Internet y los eslóganes y anuncios se han mostrado a veces tan eficaces y bien pensados como los creados por los grandes publicitarios de Los Angeles. Actores como Jean Reno o Sophie Marceau son auténticas estrellas en Japón, la actriz Juliette Binoche es un nombre seguro en EE.UU. y otros muchos, como Daniel Auteuil, Isabelle Huppert, Fanny Ardant o Charlotte Rampling son garantía de buen trabajo en todos los países europeos.

El año 2002 llega para el cine francés bajo los mejores auspicios. Francois Ozon (Gotas de Agua Sobre Piedras Calientes) estrenará en febrero 8 Femmes, con Catherine Deneuve, Isabelle Huppert y Emmanuelle Béart. En la segunda quincena de enero se habrá asomado Astérix y Cleopatra, dirigida por Alain Chabat y con Monica Bellucci en el papel de la legendaria reina egipcia. Son el aperitivo de una cinematografía que también está reaprendiendo a exportar: Amélie, firme candidata al Oscar a la mejor película extranjera, lleva más de nueve millones de entradas fuera de Francia; Le Pacte des Loups, más de cinco, y Belphégor ha interesado a cerca de 500 mil italianos.

Agencia CinemaNews




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